Capítulo 10 "Un nuevo comienzo"

Las nubes escapaban a su paso mientras el avión iba avanzando a su dulce destino. El sol irradiaba hasta el ultimo punto de aquella mágica ciudad en la cual Hugo tenia puestas todas sus esperanzas.
Su emocionado cuerpo empezaba a responder a los incesantes avisos del piloto que avisaba de el cercano aterrizaje. Hugo poco a poco iba abriendo los ojos y a la vez frotando el brazo en el cual se había dormido intentando borrar las marcas de su fortuito babeo mientras dormía.
Como un niño viendo a Mickey Mouse sus ojos se abalanzaron sobre la ventana observando la increíble inmensidad de ciudad condal.
Minutos después, el avión había aterrizado y en su cuerpo comenzó a notarse un nerviosismo frenético que lo hizo levantarse lo mas rápido que pudo, enfilar la puerta de el avión y correr, hasta que encontró aquella silueta que había avistado desde su ventana , allí estaba ella, esperándolo desde hacia ya media hora con aquella blusa blanca que a ella tanto le gustaba y con esos shorts verdes que dejaban al descubierto sus preciosas piernas, comenzando ya a teñirse de ese moreno intachable del verano.
Hugo siguió corriendo hasta que sus manos pudieron rozar otra vez sus mejillas, mientras su mano derecha se estrechaba en sus caderas acercándola a el, todavía no se habían encontrado sus labios pero sus ojos ya habían hecho mella del intachable sentimiento que desprendían.
Apenas pasaron unas milésimas de segundo y sus labios rojizos ya estaban entre los suyos hasta que se desprendió una sonrisa y comenzaron los “te quiero”
Se apresuraron a recoger las maletas de Hugo para evitar cualquier tipo de problema.
Entre los dos se repartieron el trabajo de trasporte hacia un Seat Ibiza que los esperaba en el aparcamiento.
El coche de Antia era considerablemente nuevo, color blanco y con unas siluetas negras que lo hacían verse bastante bonito.
Durante el trayecto los dos se dedicaron a poner canciones antiguas y a cantar como idiotas entre las calles de Barcelona. Para sorpresa de Hugo , el coche se adentro en un camino precioso lleno de numerosos detalles florales e inmensos arboles dignos de salir en el instagram de algún fotógrafo reconocido.
Ese extraño y agradable camino dio paso a un chalet o , literalmente, piso acristalado de arriba a abajo, digno del típico alemán con pasta o de un corrupto del PP.
Ese pensamiento rondaba en la cabeza de Hugo mientras miraba incrédulo a Antia,
aun estaba pensando las razones por las que habían ido allí, hasta que Antia pulso el botón de aquel minúsculo mando que reposaba en el cenicero del coche y el enorme portal se abrió de par en par.

-Aquí estamos Hugo, nueva vida!!

Las hojas caían suavemente sobre los hombros de Hugo mientras negaba la felicidad y la belleza que le desprendía ese lugar.
Antia fue corriendo a abrazarle y los dos emocionados por un futuro que veía prometedor comenzaron a sacar las cajas de Antia y las maletas de Hugo.
Era una casa acristalada con detalles en blanco y con una puerta inmensa que dejaba entrever entre sus diminutos cristales la hermosa escalera que subía al segundo piso.
Hugo se abalanzó sobre la puerta con tanta ilusión que casi la descoloca de sus bisagras,aunque no paso nada para su propio alivio.
Entró y como el mejor enólogo, cerro los ojos y comenzó a inhalar el suave olor que recorría la casa.
Hugo vio a Antia entre las muchas ventanas del habitáculo llevando dos de las cajas mas pesadas haciendo un esfuerzo casi inhumano y corrió a socorrerla de tanto peso.
Cogió la caja le dio un pequeño beso y la dejo pasar delante suyo para el gran alivio de Antia.
Poco a poco fueron dejando todo al lado de la escalera delante de una puerta que seguramente llevaría a el sótano o quizás solo era un simple armario.
La casa estaba totalmente amueblada y dispuesta para vivir, un lujazo del que ya no surgían preguntas, solo admiración.
Mientras Hugo intentaba familiarizarse con la casa dio con la puerta que daba al jardín. Fue abrirla y no pudo dejar de admirar los grandiosos setos que cerraban la parcela junto con la inmensa piscina que presidía el jardín.
Hugo empezó a gritar despavorido de la emoción que sentía, estaba al lado de la mujer que quería , en una casa inmensa, después de todo, el futuro le había recompensado aunque el seguía recordando aquel parque frente a su casa, añorando a su madre, a su padre...

Horas después la noche desprendía esa oscuridad que se veía empapada con la luz de la luna y algunas estrellas que se dejaron ver a pesar de las nubes.
Antia estaba ya durmiendo y Hugo decidió salir a fuera a dar un paseo por lo que ahora era la entrada a su casa. Siguió andando y miro una pequeña luz entre los arboles, se dirigió a ella.
Aun no se había acercado lo suficiente para reconocer que la desprendía, cuando se escucharon los sonoros aullidos de los lobos en la lejanía. Hugo decidió volver a casa, estaba empezando a caer un roció bastante desagradable y aquella luz ya se había desvanecido en la espesura.
De pronto, entre los arboles se pudo ver una sombra corriendo hacia Hugo. En el momento que giro la cabeza y la vio acercase y empezó a desvanecerse hasta que lo atravesó solo la suave brisa que dejo a su paso.
En ese pequeño pestañeo, Hugo pudo ver como un pequeño sobre color rojo caía en el suelo, de la nada.
Hugo cogió el sobre y entró en casa incrédulo, lo guardo en una de las cajas que había en la entrada y se fue a la cama buscando la tranquilidad que fuera no había encontrado.

Se descalzó, se sentó en la cama y poco a poco fue introduciéndose entre las sabanas para no despertar a Antia, se puso cómodo,cerro los ojos y empezó a notar un leve cosquilleo que le hizo abrir suavemente los ojos y allí estaba Antia, encima de el , con sus labios a centímetros, dispuesta a no dejar que la tranquilidad que buscaba, llegara a Hugo.

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