Las
nubes escapaban a su paso mientras el avión iba avanzando a su dulce
destino. El sol irradiaba hasta el ultimo punto de aquella mágica
ciudad en la cual Hugo tenia puestas todas sus esperanzas.
Su
emocionado cuerpo empezaba a responder a los incesantes avisos del
piloto que avisaba de el cercano aterrizaje. Hugo poco a poco iba
abriendo los ojos y a la vez frotando el brazo en el cual se había
dormido intentando borrar las marcas de su fortuito babeo mientras
dormía.
Como
un niño viendo a Mickey Mouse sus ojos se abalanzaron sobre la
ventana observando la increíble inmensidad de ciudad condal.
Minutos
después, el avión había aterrizado y en su cuerpo comenzó a
notarse un nerviosismo frenético que lo hizo levantarse lo mas
rápido que pudo, enfilar la puerta de el avión y correr, hasta que
encontró aquella silueta que había avistado desde su ventana , allí
estaba ella, esperándolo desde hacia ya media hora con aquella blusa
blanca que a ella tanto le gustaba y con esos shorts verdes que
dejaban al descubierto sus preciosas piernas, comenzando ya a teñirse
de ese moreno intachable del verano.
Hugo
siguió corriendo hasta que sus manos pudieron rozar otra vez sus
mejillas, mientras su mano derecha se estrechaba en sus caderas
acercándola a el, todavía no se habían encontrado sus labios pero
sus ojos ya habían hecho mella del intachable sentimiento que
desprendían.
Apenas
pasaron unas milésimas de segundo y sus labios rojizos ya estaban
entre los suyos hasta que se desprendió una sonrisa y comenzaron los
“te quiero”
Se
apresuraron a recoger las maletas de Hugo para evitar cualquier tipo
de problema.
Entre
los dos se repartieron el trabajo de trasporte hacia un Seat Ibiza
que los esperaba en el aparcamiento.
El
coche de Antia era considerablemente nuevo, color blanco y con unas
siluetas negras que lo hacían verse bastante bonito.
Durante
el trayecto los dos se dedicaron a poner canciones antiguas y a
cantar como idiotas entre las calles de Barcelona. Para sorpresa de
Hugo , el coche se adentro en un camino precioso lleno de numerosos
detalles florales e inmensos arboles dignos de salir en el instagram
de algún fotógrafo reconocido.
Ese
extraño y agradable camino dio paso a un chalet o , literalmente,
piso acristalado de arriba a abajo, digno del típico alemán con
pasta o de un corrupto del PP.
Ese
pensamiento rondaba en la cabeza de Hugo mientras miraba incrédulo a
Antia,
aun
estaba pensando las razones por las que habían ido allí, hasta que
Antia pulso el botón de aquel minúsculo mando que reposaba en el
cenicero del coche y el enorme portal se abrió de par en par.
-Aquí
estamos Hugo, nueva vida!!
Las
hojas caían suavemente sobre los hombros de Hugo mientras negaba la
felicidad y la belleza que le desprendía ese lugar.
Antia
fue corriendo a abrazarle y los dos emocionados por un futuro que
veía prometedor comenzaron a sacar las cajas de Antia y las maletas
de Hugo.
Era
una casa acristalada con detalles en blanco y con una puerta inmensa
que dejaba entrever entre sus diminutos cristales la hermosa escalera
que subía al segundo piso.
Hugo
se abalanzó sobre la puerta con tanta ilusión que casi la descoloca
de sus bisagras,aunque no paso nada para su propio alivio.
Entró
y como el mejor enólogo, cerro los ojos y comenzó a inhalar el
suave olor que recorría la casa.
Hugo
vio a Antia entre las muchas ventanas del habitáculo llevando dos de
las cajas mas pesadas haciendo un esfuerzo casi inhumano y corrió a
socorrerla de tanto peso.
Cogió
la caja le dio un pequeño beso y la dejo pasar delante suyo para el
gran alivio de Antia.
Poco
a poco fueron dejando todo al lado de la escalera delante de una
puerta que seguramente llevaría a el sótano o quizás solo era un
simple armario.
La
casa estaba totalmente amueblada y dispuesta para vivir, un lujazo
del que ya no surgían preguntas, solo admiración.
Mientras
Hugo intentaba familiarizarse con la casa dio con la puerta que daba
al jardín. Fue abrirla y no pudo dejar de admirar los grandiosos
setos que cerraban la parcela junto con la inmensa piscina que
presidía el jardín.
Hugo
empezó a gritar despavorido de la emoción que sentía, estaba al
lado de la mujer que quería , en una casa inmensa, después de todo,
el futuro le había recompensado aunque el seguía recordando aquel
parque frente a su casa, añorando a su madre, a su padre...
Horas
después la noche desprendía esa oscuridad que se veía empapada con
la luz de la luna y algunas estrellas que se dejaron ver a pesar de
las nubes.
Antia
estaba ya durmiendo y Hugo decidió salir a fuera a dar un paseo por
lo que ahora era la entrada a su casa. Siguió andando y miro una
pequeña luz entre los arboles, se dirigió a ella.
Aun
no se había acercado lo suficiente para reconocer que la desprendía,
cuando se escucharon los sonoros aullidos de los lobos en la lejanía.
Hugo decidió volver a casa, estaba empezando a caer un roció
bastante desagradable y aquella luz ya se había desvanecido en la
espesura.
De
pronto, entre los arboles se pudo ver una sombra corriendo hacia
Hugo. En el momento que giro la cabeza y la vio acercase y empezó a
desvanecerse hasta que lo atravesó solo la suave brisa que dejo a su
paso.
En
ese pequeño pestañeo, Hugo pudo ver como un pequeño sobre color
rojo caía en el suelo, de la nada.
Hugo
cogió el sobre y entró en casa incrédulo, lo guardo en una de las
cajas que había en la entrada y se fue a la cama buscando la
tranquilidad que fuera no había encontrado.
Se
descalzó, se sentó en la cama y poco a poco fue introduciéndose
entre las sabanas para no despertar a Antia, se puso cómodo,cerro
los ojos y empezó a notar un leve cosquilleo que le hizo abrir
suavemente los ojos y allí estaba Antia, encima de el , con sus
labios a centímetros, dispuesta a no dejar que la tranquilidad que
buscaba, llegara a Hugo.